Señor, ayúdanos a tener la flexibilidad
de los árboles azotados por el viento. Que no seamos como aquellos
que,
por no doblarse, se derrumban con facilidad. Danos la fuerza para vencer
nuestro orgullo. Que podamos ejercer
la empatía, la comprensión,
la compasión y la bondad. Despierta en nosotros la auto-evaluación
imparcial. Que logremos admitir
nuestros errores, evitando mayores
y desastrosas consecuencias de algunos actos sin pensar. Recuérdanos el poder de la
humildad. Que seamos lo suficientemente
fuertes para pedir perdón
a las posibles víctimas de nuestras fallas humanas. Refuérzanos el don de transmitir
la verdad. Que consigamos concienciar
a los esclavos de la mentira
bajo la bendición libertadora del verbo límpido. Enséñanos Tu silencio oportuno. Que sepamos hacer buen
uso de la palabra,
deshacer ofensas causadas a los demás,
trayendo el restablecimiento de la Paz. Despierta en nosotros la conciencia
de los bienes
y de los valores que tenemos. Que seamos liberados
de la envidia, que notemos que no
nos falta lo que merecemos y que nada niegas para ningún hijo. Calla nuestra voz para la calumnia
y para la crítica
en aquella hora en que no pudiéramos elogiar. Que jamás intentemos
derrumbar lo que a un semejante
puede haberle tomado toda una vida construir. Refuérzanos el discernimiento
entre
el espíritu del humor y el de la burla. Que no rebajemos a nadie
y que percibamos que todos
en este mundo tienen un papel de verdadero significado. Mantén viva en nosotros la
llama de la gratitud. Que no devolvamos espinas
a aquellos que nos ofrecen flores. Preserva en nosotros la transparencia
del niño. Que no se abran nuestros
labios en falsas e hipócritas sonrisas,
escondiendo intrigas contra aquellos que las reciben. Al final, Señor, impídenos
JUZGAR y CONDENAR a aquellos
que no presentan ante Ti una inclinación igual a la nuestra. Que tengamos el fulgor
de la grandeza de Tu Hijo,
repitiendo Sus palabras: " Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen "