Algunos
sueños
que
tuve
nunca
se volvieron
realidad
y los
vi desaparecer
todos
antes
de la
alborada,
pero
muchos
se realizaron
gracias
a ti,
Mi Padre.
Así
fue
como
pude
continuar
soñando.
Fueron
muchas
las
oraciones
que
no trajeron
respuesta,
mas
para
otras
llegaron
suficientes
respuestas
consiguiendo
que
no perdiera
la fe.
Una
de esas
respuestas
eres
tú,
Mi Padre.
Confié
en muchos
amigos
que
me abandonaron
y que
me dejaron
llorando,
sin
apoyo
alguno,
pero
en ti,
Mi Padre,
encontré
un amigo
verdadero,
que
me hizo
mantenerme
confiado.
Planté
tantas
semillas
cuyas
flores
el viento
deshojó,
pero
muchas
de ellas
aún
las
tengo
en mi
jardín,
lo que
me incentivó
a continuar
sembrando.
Una
de ellas
es tu
presencia,
Mi Padre.
Bebí
en la
copa
de la
desilusión
y del
dolor
y vi
muchos
días
nacer
sin
sol
y sin
canciones,
pero
bebí
también
suficiente
miel
de la
vida
en tu
lealtad,
Mi Padre,
y ella
me llevó
a descubrir
y a
creer
que
valía
la pena
vivir.
Mis
días
están
tan
iluminados
por
ti,
¡Mi
Padre!
Le agradezco
tanto
a Dios
por
haber
sido
tú
el hombre
que
me concibió
y, aún
más,
¡Por
mantenerme
mimado
dentro
de tu
corazón!
Mi Padre,
siento
que
soy
tu más
importante
misión
cumplida,
¡Porque
me diste
tu amor
y el
regalo
de la
Vida!