Quien te hirió ya hirió y ya pasó.
Más adelante encontrará el retorno inevitable y por
las manos de otro será herido también.
La Vida se encargará de darle su merecido y tu,
probablemente, ni siquiera lo sabrás.
Lo que de verdad importa es lo que tu sentiste
y,
aún más importante, lo que todavía sientes:
¿Amargura? ¿Rencor? ¿Resentimiento? ¿Odio?
¿Te das cuenta de que esos sentimientos
fueron escogidos por ti?
Somos nosotros los que escogemos que sentir
ante las agresiones y las ofensas.
Quien nos hace "mal" es responsable por lo que
hace,
pero NOSOTROS somos responsables por lo que sentimos.
Esa responsabilidad tiene que ver con el Amor que
debemos y tenemos que sentir por nosotros mismos.
El ofensor hizo lo que hizo y el momento pasó,
pero ¿que fue lo que quedó dentro de ti?
¿Amargura?
- ¿Sabías que de todas las drogas esa es la más cancerígena?
Por tu propia salud, arrójala fuera.
¿Rencor?
- Es como un alimento preparado con un veneno irreconocible:
el día menos pensado, puedes contraer dolencias
cuyos orígenes ni sospecharás.
¿Resentimiento?
- Sólo imagina lo que es vivir dentro de un ambiente
siempre contaminado, con humo, repleto de bacterias
y de incontables tipos de virus:
eso es lo que tu corazón y tus pulmones
están intentando aguantar.
¿Hasta cuando crees poder resistirlo?
¿Odio?
- Sus efectos son paralizantes.
Tu sistema inmunológico entrará en conflicto con ese
veneno que con el tiempo puede ponerte cara a cara
con la muerte y quizá sea demasiado tarde cuando percibas
que mejor hubiera sido dejar que tu agresor
cosechara los frutos que plantó.
Por tu propio Bien y solamente por tu
Bien, perdona.
El perdón te recuperará y te hará libre para
ser feliz.
Olvida el "mal" que te hicieron.
Deja que tu ofensor lo recuerde a través de las consecuencias
que, con toda seguridad, tendrá que sufrir.
Cambia tu destino ...
¡ Sé el comandante de tu nave !
Escoge el mejor camino para tu " viaje ".
... y si vuelven a herirte, perdona ...
Perdona ... ¡ Aunque sólo sea por desquitarte
!