
© Silvia Schmidt ©
 |
Por haberme entendido mientras crecía y por haber
aceptado mis cambios tan rápidos.
Debe haber sido difícil mantener la calma conmigo,
pero tu siempre lo intentaste y casi siempre lo conseguiste.
Por haberme escuchado y haberme dado respuestas
breves y claras a las preguntas y dudas que yo te llevaba.
Por haber reforzado mi confianza para continuar
revelándote mis pensamientos y mis sentimientos.
Por haberme aplaudido cuando fui verdadero,
por haberme comprendido cuando dije mentiras y por
haberme comprobado que manchan nuestro carácter.
Por haberme hablado sobre tus errores y sobre
las cosas que aprendiste gracias a ellos.
Eso hizo que yo aceptara mis propios errores,
que también aprendiera y que me perdonara.
Por prestarme atención y gastar una
gran parte de tu tiempo conmigo.
Eso me llevó a creer que soy importante
y que tengo mucho valor.
Por actuar siempre del modo en que
deseabas que yo actuara.
Fue así que me diste un modelo positivo para seguir.
Por confiar en mí y respetarme aunque
yo fuera menor que tu.
Por haber considerado mis sentimientos y necesidades,
y haberme mostrado en muchas ocasiones
que eran semejantes a las tuyas.
Por los elogios y por los incentivos.
Fue por eso que siempre me sentí bien y quise
continuar siendo digno de tu fe en mi.
Por ayudarme a explorar mis talentos y mi potencial.
Por haberme enseñado que para ser feliz tenía
que ser yo mismo y no como tu o igual
a otros que tu admirabas.
Por ser tu mismo y por no desistir de la felicidad.
Con eso aprendí a buscar una vida feliz,
exitosa y satisfactoria.
Gracias, Papá Por haberme escuchado siempre.
Escuchame ahora una vez más :
¡YO TE AMO!
|